Te reventaría el cráneo a patadas, créeme, y barnizaría mis botas con tu materia gris. Te obligaría a beberte el odio de mi sangre directamente de mis venas abiertas, y te gustaría. Te apalearía hasta que no quedasen huesos que te sujetasen y cayeras al suelo arrastrándote como una babosa. Abofetearía tu preciosa cara, por supuesto que sí, porque tienes un puto rostro tan bonito que sólo tengo ganas de deformarte la mandíbula a puñetazos, con las manos desnudas, con las intenciones claras, los nudillos preparados para notar tu piel abriéndose bajo ellos, y sería como follarme tus heridas. Hacerle el amor a tu dolor físico igual que tú te corres en mis sentidos. Posaría mis manos sobre tu pecho y hundiría mis uñas, y pintaría las paredes con tus fluídos corporales, y disecaría tu cuerpo y serías la decoración más linda, y besaría tus labios mientras siguiesen rosados. Te adoro tanto que te mataría cuerpo a cuerpo, y pasaría por encima de tu cadáver sólo para pisarlo otra vez.
Las armas las dejaremos para los que se odian lo suficiente para no tocarse cuando se asesinen.
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